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La emoción de un eclipse solar único: el cambio constante. Por Joan Anton Català

El próximo día 12 de agosto, de repente el día se tornará noche en extensas regiones de España. Un eclipse solar total, un fenómeno que el país no experimentaba desde el año 1905, cruzará gran parte de la Península y se desplazará hacia las Baleares.

Se trata de un auténtico regalo de la naturaleza. En el cielo no existe un espectáculo tan impresionante y emocionante. Durante unos breves instantes, millones de personas se encontrarán, literalmente, bajo la sombra de la Luna cuando su disco oscuro oculte completamente el Sol. Parecerá como si el tiempo se parase, como si todo el cosmos contuviese el aliento ante semejante despliegue de belleza. Ante tan delicada alineación entre el Sol, la Luna y la Tierra.

Un eclipse solar total nunca se olvida, y esto lo sabemos muy bien todos aquellos que hemos vivido alguna vez uno. No es sólo lo que ves, sino también lo que sientes. El oscurecimiento del firmamento, la bajada de la temperatura, la aparición de estrellas en el cielo a pleno día, o el repentino silencio de los pájaros son algunas de las experiencias sensitivas que conlleva el momento de la totalidad.

Pero, por encima de todo, la emoción dominante es la de sentirse parte de algo más grande. Es como si, súbitamente, encontrases tu lugar en la naturaleza con un estremecimiento que, paradojalmente, combina la humildad de nuestra existencia con la fortuna de ser. Es un sentimiento colectivo, compartido simultáneamente por los miles de personas que te rodean.

Movimiento permanente, cambio constante

El eclipse es una demostración de perfección por lo que respecta a la mecánica celeste. El alineamiento entre el Sol, la Luna y nuestro planeta es perfecto aunque ciertamente efímero. En el universo todo se halla en movimiento, y el mismo desplazamiento eterno que ha permitido alcanzar la ordenación cósmica del eclipse la romperá pasados unos segundos.

Es curioso, porque en nuestra vida cotidiana no acostumbramos a ser conscientes de las consecuencias del cambio constante hasta que nos enfrentamos a un momento muy impactante. Sí, tenemos claro que todo se transforma muy deprisa: las organizaciones en las que trabajamos, los mercados en los que operamos, los productos y servicios que ofrecemos, la tecnología que empleamos, e incluso la sociedad en la que vivimos. Pero el cambio parece tan frenético que muchas veces nos vemos simplemente arrastrados por él sin, en ningún momento, poder tomar las riendas y controlar su impacto en nuestras vidas. No, el cambio no lo vamos a parar, igual que es una certeza que va a existir eclipse. Pero lo que sí que podemos hacer es prepararnos.

Es parecido a lo que sucede con un eclipse. Si con anterioridad no nos hemos documentado sobre lo que realmente provoca el fenómeno, sobre lo que hay que ver y en lo que hay que fijarse mientras se despliega, no vamos a poder disfrutar y aprovechar unos momentos que son irrepetibles.

Comentaba, antes, sobre las emociones que nos genera el firmamento. ¡Emociones! Y es que, claro, somos personas y no robots. Por cierto, un hecho que tendemos a olvidar cuando, ante un momento complejo, sentimos inseguridad, temor o frustración, e incluso nos castigamos injustamente, pensando que esos sentimientos son debilidades y que quizás no damos la talla.

La formación sobre la gestión del cambio proporciona conocimientos y herramientas que son fundamentales para transitar por momentos complicados de una manera más eficiente y menos dolorosa. Pero también sirve para recordarnos, justamente, nuestra naturaleza humana y recuperar la perspectiva sobre lo que significa tener emociones.

¡No de cualquier manera!

Los que nos dedicamos a la divulgación científica (una actividad que combino con el trabajo en el ámbito de las organizaciones) estamos esforzándonos por recalcar, utilizando todos los canales de comunicación disponibles, la necesidad de disfrutar del eclipse del 12 de agosto con seguridad.

Millones de almas levantaremos la mirada hacia el Sol, un acto tremendamente peligroso que puede acarrear lesiones muy graves e irreparables en la retina. Es por ello que recordamos, una y otra vez, la necesidad de emplear gafas especiales, homologadas para la observación solar. Y, muy importante, repetimos que deberemos evitar los métodos caseros, como radiografías, vidrios ahumados o gafas de soldador, que conducen directamente al desastre. Las gafas homologadas, por tanto, serán un elemento imprescindible que deberá formar parte de nuestro equipaje.

De forma similar, lo mejor que podemos hacer es asegurar que, en nuestra mochila, llevamos aprendizajes para cuando llegue ese cambio. Porque va a llegar, no lo dudes. Un episodio de complejidad que nos va a estresar y tensionar. ¿Te acuerdas de cuando, de pequeños, nos revolcaba una ola en la playa? Pues las formaciones sobre gestión del cambio te darán las gafas certificadas que necesitas para contemplar mejor la situación, analizarla  y poder tomar buenas decisiones.

Cuando todo se cae

No, no te preocupes. El día del eclipse, ninguno de los cuerpos celestes implicados se va a caer, aunque sí que lo harán algunas lágrimas de emoción. Pero hay veces en las que parece que todo se derrumbe a nuestro alrededor. Es cuando las leyes del universo conspiraran para que ese proyecto desviado se complique aun más, o para que el tiempo se acelere y corra más deprisa acercándonos al plazo al cual nos comprometimos.

Ahora imagínate estar en el espacio exterior, de camino hacia la Luna, en el interior de una pequeña nave en medio del vacío y de la nada. Cualquier problema, en esa situación, se puede convertir en una tragedia, ¿verdad? Bueno, pues un problema, y de los gordos, es lo que tuvieron los astronautas del Apollo 13, en 1970, cuando una parte de la nave explotó y se quedaron sin apenas combustible ni oxígeno.

Todos los procesos que, tan cuidadosamente, había documentado y practicado la NASA durante largos meses se cayeron en un instante. Ya nada servía, y se debía diseñar una nueva misión desde cero y en cuestión de minutos. Una misión en la que el objetivo principal ya no era llegar a la Luna, sino salvar la vida de tres astronautas.

Se trata, sin duda, de un caso extremo. Pero es tan impactante e inspirador que forma parte de la metodología que empleo en las formaciones de gestión del cambio. Con este caso, viajamos al espacio, revivimos esos momentos de tensión y de complejidad y acabamos salvando a la tripulación. Y, por supuesto, reflexionamos y aterrizamos la experiencia en nuestra realidad cotidiana para incorporar herramientas y palancas que nos van a servir para gestionar mejor la complejidad.

De nuevo, emociones

Empezaba este artículo hablando de las emociones que nos provocan los eclipses. Y con emociones quiero también terminarlo.

Somos extraordinariamente afortunados de participar en este experimento de la naturaleza que hemos llamado vida. Son muchas las molestias que se ha tomado el cosmos para que hoy estemos aquí, a punto para contemplar la sombra de la Luna y el Sol eclipsado.

El cambio constante hace que muchas veces perdamos la perspectiva. Saber parar un momento, para tomar aliento y plantearnos qué es lo que realmente queremos es una habilidad esencial. Como desde luego lo es valorar la fortuna de la vida para lograr un mejor equilibrio emocional.

Para finalizar, recuerda que eres humano y que, por cierto, los demás también lo son. No somos infalibles y ciertamente somos maravillosamente imperfectos (¡qué aburrida sería la perfección absoluta!).

Bueno, prepara tu traje espacial porque te espero en el webinar de gestión del cambio que hemos llamado “Houston, tenemos un problema. Las claves de la gestión del cambio y de la complejidad”.

Te dejamos toda la información aquí: 

Si quieres inscribirte, aquí te dejamos el enlace haciendo click aquí.

¡Nos vemos el 18 de septiembre! 🌒

Joan Anton Català

Gestión de la Complejidad | Divulgador Científico

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