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El coming out más importante es el que haces contigo mismo – César Mulet

Muchas personas del colectivo LGBTQ+ crecemos con un miedo silencioso. El miedo a no ser aceptados, a decepcionar a quienes queremos o a que, si mostramos quiénes somos realmente, dejemos de ser merecedores de amor.

Cuando ese miedo aparece desde pequeño, aprendemos a protegernos. Nos adaptamos, escondemos ciertas partes de nosotros y poco a poco construimos una versión que parece más segura para mostrar al mundo. El problema es que esa versión acaba haciéndose muy fuerte.

Aprendemos qué comportamientos reciben aplausos, qué cualidades son valoradas y qué espera la sociedad de nosotros. Intentamos ser exitosos, divertidos, trabajadores o admirados. Cualquier cosa que nos ayude a sentirnos aceptados y queridos.

Porque, en el fondo, todos queremos lo mismo: sentir que somos suficientes.

Como hombre gay, creo que muchas personas del colectivo vivimos este proceso de forma especialmente intensa. Crecer sintiéndote diferente te obliga a cuestionarte antes quién eres. Aprendes a observar cómo te ven los demás. A veces te escondes. Otras te adaptas. Otras simplemente interpretas un personaje que parece más fácil de querer.

Pero con el tiempo me he dado cuenta de que esta lucha no pertenece únicamente al colectivo LGBTQ+.

En realidad, todos tenemos nuestro propio coming out.

Hay quien lo hace sobre su orientación sexual. Otros lo hacen sobre sus sueños, sus emociones, sus inseguridades o la vida que realmente desean vivir. Hay personas que pasan años intentando encajar en expectativas que nunca eligieron. Persiguiendo una versión de éxito que no les pertenece. Buscando fuera aquello que todavía no han encontrado dentro.

Historias diferentes. El mismo miedo. El miedo a que, si mostramos quiénes somos de verdad, no nos quieran.

Durante muchos años pensé que, si conseguía suficientes logros, reconocimiento o validación, acabaría sintiéndome completo. Como muchas personas, confundí la aprobación con el amor propio. Y tardé en entender que ser admirado no es lo mismo que ser querido, y que ser querido por los demás tampoco significa aceptarse a uno mismo.

Ese aprendizaje cambió por completo mi manera de entender el Pride.

Por supuesto que el Pride habla de visibilidad, igualdad y de todos los derechos que generaciones anteriores lucharon por conquistar. Pero para mí también es una invitación a algo mucho más profundo.

A sentirnos orgullosos de quienes somos. Sin necesidad de demostrar nada. Sin necesidad de encajar. Sin necesidad de convertirnos en otra persona para merecer amor.

Hace falta valentía para mirarte al espejo y decir: «Esta soy yo. Este soy yo.» Quizás no encaje perfectamente en las expectativas de los demás. Quizás algunas personas no me entiendan. Quizás incluso decepcione a alguien. Pero esta es mi verdad y decido quererme igualmente.

Porque la mayor libertad no llega cuando el mundo te acepta. La mayor libertad llega cuando te aceptas tú.

Quizás por eso creo que el coming out más importante es el que hacemos con nosotros mismos.

Ese momento en el que dejamos de escondernos, de compararnos y de perseguir validación para, por fin, permitirnos ser exactamente quienes somos.

Porque el Pride no es solo celebrar a quién amamos. También es tener el valor de amar quiénes somos.

 

César Mulet – Trainer, Coach & HumanCapital Consultant

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